Mostrando entradas con la etiqueta Triana. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Triana. Mostrar todas las entradas

domingo, 28 de septiembre de 2025

Triana ‎1983 - ...Llegó El Día

Formato: FLAC 
Tamaño Rar: 275,13 MB 

        Pónganse en situación: estrella del rock muere prematura y trágicamente. De pronto la última obra del finado parece adquirir una nueva dimensión, y no tardan en aparecer los esforzados glosadores y exegetas que revelan al atónito personal las macabras premoniciones, las terribles coincidencias, las certeras profecías. ¿Les suena, verdad? Ahora, si son tan amables, lean lo que sigue: “Ahora siento que llegó el día, que tengo ganas de vivir, de atravesar los muros y ruinas que aunque pase el tiempo están ahí, y florecer como un hombre nuevo sin miedo a las tragedias por venir.” Lo canta Jesús de la Rosa en “Llegó el Día” (Gong-Movieplay, 1983). 

Pocos meses después de la publicación del disco en el que aparecen esas líneas, De la Rosa muere víctima de un accidente de tráfico. ¿Me lo tendrán en cuenta ahora si me dedico a ejercer de esforzado exegeta? Es difícil no ver “Llegó el día” como una especie de profético auto-réquiem, similar al que Mozart componía en las memorables escenas finales de “Amadeus” (Milos Forman, 1984). En “De una nana siendo niño” nos encontramos con esto: “Yo quiero ser como el río al despertar. 

Que su fluido me lleve buscando al mar.” Como comprenderán, el exegeta que hay en mí se apunta mentalmente un tanto cuando les recuerda aquello de que nuestras vidas son los ríos que van a dar al mar, que es el morir. Pero la gran premonición de “Llegó el día” es la canción de título homónimo, en la que De la Rosa canta cosas como éstas en una atmósfera de serenidad casi trascendental. “Llegó el día” es uno de los mejores temas de Triana (también el de más minutaje), la gran despedida que sin duda merecía alguien como Jesús de la Rosa. 

Resulta complicado controlar las emociones cuando escuchamos esa luminosa letanía del coro de niños: “Iba vestida la aurora con rayos de sol / y en los cabellos prendida llevaba una flor”. Todas las canciones de Jesús en este disco son notables, y demuestran, tras un par de entregas para olvidar, que el talento seguía estando ahí, prácticamente intacto. No podemos decir lo mismo de los temas de Eduardo Rodríguez. “Perdido por las calles” y “Aires de mi canción” padecen un histrionismo irritante y no contienen ninguna idea musical digna de mención. 

 No obstante algún que otro altibajo, “Llegó el Día” es un disco que suena a despedida, a fin de ciclo, a solemne recapitulación. Hay emoción a flor de piel y hay una voz alta como el cielo que se encuentra cansada de llorar. Qué pena, Jesús, qué pena.
LaFonoteca
REPOSICION
 

jueves, 8 de mayo de 2025

Triana 2004 - Se de Un Lugar

Formato: FLAC 
Tamaño Rar: 904,00 MB 

    "Sé de un Lugar" (Warner, 2004) es el recopilatorio más completo de Triana. Incluye un DVD con un documental sobre la banda que TVE emitió en 1995 para conmemorar los veinte años transcurridos desde la publicación de "El Patio" (Gong-Movieplay, 1975). 

Ideal para aquellos que quieran hacerse, por la vía rápida, con las canciones imprescindibles del grupo.

 

lunes, 13 de enero de 2025

Triana 2008 - Quiero Contarte

Formato: FLAC 
Tamaño Rar: 1,45 MB 

      Grupo insignia del rock andaluz No se confundan: el flamenco-rock fue fruto de las circunstancias y de la necesidad, y no el último invento de un productor ávido de sabores exóticos. Smash y Triana (y Alameda, y Guadalquivir, y Cai…) eran rockeros porque habían escuchado con devoción a Cream o a Pink Floyd, y eran flamencos en la medida en que actuaban con naturalidad: en casa no había una fender, sino una guitarra flamenca. Algún día alguien tendrá que analizar concienzudamente el determinante papel que jugaron en la eclosión del rock andaluz las bases militares americanas de Morón y Rota, convertidas en exclusivas vías de entrada en la Andalucía occidental de lo más granado del rock anglosajón de los 60 y 70. 

 Jesús de la Rosa y Eduardo Rodríguez salieron escaldados de su experiencia en Tabaca, grupo de armonías vocales a lo Crosby, Stills & Nash, después de que CBS reclamara de ellos un hit digno de competir por el título de canción del verano. Pero De la Rosa tenía un nuevo proyecto. Básicamente, la idea se puede resumir así: creemos un grupo en el que cada cual haga lo que mejor sabe. En un principio, Lole y Manuel entraban en los planes de De la Rosa, aunque finalmente Triana terminaron siendo Eduardo Rodríguez Rodway, Juan José Palacios –Tele- y, cómo no, Jesús. «Chicago son de Chicago y se llaman Chicago. Pues yo soy de Triana…». 

La frase es de Tele e ilustra hasta qué punto las cosas siguieron un rumbo perfectamente lógico. Los teclados de De la Rosa eran inconfundiblemente progresivos pero al mismo tiempo su voz era andaluza hasta la médula. Eduardo Rodríguez era un solvente guitarrista flamenco, mientras que Tele desgranaba con las baquetas el compás por bulerías casi sin despeinarse. Eduardo recuerda así los primeros ensayos del grupo: “Nosotros mismos nos sorprendíamos con lo que estábamos haciendo”. Con la inestimable ayuda de Teddy Bautista, pero pagando de sus bolsillos, Triana graba en los estudios Kirios de Madrid el single “Recuerdos de una noche». 

Corre el año 1974. El revolucionario sonido del grupo sevillano (algo así como unos King Crimson andalusíes) es totalmente incomprendido en los despachos de las grandes discográficas. Sólo el olfato del productor Gonzalo García Pelayo evita el fracaso: Triana consigue un contrato con Gong, sello en el que verá la luz el primer larga duración del grupo. Se trata del mítico álbum «Triana», conocido popularmente como “El Patio” (Gong-Movieplay, 1975) por la célebre ilustración de la portada, un disco que en su momento pasó casi desapercibido, pero que hoy en día es considerado unánimemente una de las obras cumbres de la música española, y que incluye clásicos imperecederos como “Abre la puerta” o “En el lago”. 
Julián Molero
 

domingo, 31 de marzo de 2024

Triana 1989 - En Directo (LP FLAC)

Formato: FLAC 
Tamaño Rar: 241,44 MB 

    
Este disco ha sido ripeado por nuestro amigo Chelas

jueves, 2 de febrero de 2023

Triana 1980 - 5º Aniversario 2 LP

Formato: FLAC 
Tamaño Rar: 358,70 MB

     
Este disco ha sido ripeado por nuestro amigo Chelas

jueves, 12 de enero de 2023

Triana 2007 - Un Camino por Andar

Formato: FLAC 
Tamaño Rar: 284,39 MB 

      Tras la muerte de Tele en 2002, los renacidos Triana contaron con las bendiciones de la viuda, titular legítima de los derechos sobre el nombre del grupo, para seguir adelante con un proyecto que, ahora sin el carismático batería, era más polémico que nunca. De este modo la banda, liderada en esta nueva etapa por Juan Reina, siguió utilizando impúdicamente el nombre de la discordia en sus actuaciones y conciertos por toda España, levantando ampollas entre los incondicionales de los auténticos 

Triana. Así llegamos al año 2007, cuando nos encontramos con “Un Camino Por Andar” (Fonográfica del Sur, 2007), el nuevo disco de “Triana”. Eduardo Rodríguez Rodway, único componente vivo de los Triana originales, publicó una airada carta abierta en la que mostraba su indignación ante lo que no dudó en calificar como “estafa”. 

Acompañan a Juan Reina (voz y guitarra española) en este disco Andrés Herrera -El Pájaro-, guitarrista ocasional de Kiko Veneno, Raúl Fernández (guitarra eléctrica), Santi Camps (bajo), Marcos Gomero y Emilio Grueso (teclados). Todos los temas son originales, excepto una cochambrosa versión de “Sr. Troncoso”. Salvando el nombre, no queda absolutamente nada de Triana aquí. 

Esta música está mucho más cerca de horrores como El Arrebato o El Barrio que de Triana. Las letras parecen escritas por ese adolescente que se cree poeta. Un disco, en definitiva, insulso, tedioso y, lo que es peor, sacrílego. Una estafa en toda regla. 
LaFonoteca 
 

sábado, 3 de abril de 2021

Triana 1981 - Triana (Un Mal Sueño)

Formato: FLAC 
Tamaño Rar: 237,71 MB 

    Una de las controversias más recurrentes (y estériles) entre los melómanos de toda clase y condición es aquella en la que se enfrentan la supuesta racanería del inmovilismo artístico y el prestigio de la experimentación y la vanguardia. Dejando a un lado lo simplista del enfoque, es cierto que, en términos generales, la inquietud da frutos más sabrosos que el adocenamiento. 

Aunque aquí, como en todo, hay excepciones: Thelonious Monk se llevó toda la vida tocando la misma música, los mismos temas de siempre, pero cada vez que se sentaba al piano pasaba algo muy gordo. Si el estilo que has encontrado es válido para expresarte hoy, mañana y pasado mañana, ¿por qué cambiarlo? La cosa viene a cuento: sospecho que hay muchos incondicionales de Triana que están dispuestos a justificar un disco como “Triana” (Gong-Movieplay, 1981) esgrimiendo aquel famoso argumento: “estaban probando cosas nuevas”. 

Pero lo cierto es que no hay ningún argumento que justifique la amputación de la identidad inconfundible de un grupo que había demostrado sobradamente de lo que era capaz. Miento, sí que lo hay: el dinero. Cómo no. Las canciones de “Triana” se lanzan descaradamente a la conquista de las radiofórmulas para terminar cayendo en el más sonrojante de los absurdos. Escuchen si no esos auténticos despropósitos que son “Es algo tan maravilloso” y “Corre”. 

La primera trata de ser algo parecido a un refrescante soul, pero no pasa de la pura parodia. ¿Eran necesarios esos ridículos coros? La segunda es, abróchense los machos, “Fiebre del Sábado Noche” (John Badham, 1977) versión Triana. ¿Pueden imaginar un personaje más ajeno a la pista de baile que Jesús de la Rosa? Yo tampoco. Abominable, y me quedo corto, créanme. 

 Lo único salvable de este disco es “Una noche de amor desesperada”, un medio tiempo resultón pero poco más. Al menos en “Por el camino” encontramos una progresión armónica interesante y unos disfrutables solos de guitarra a cargo del habitual Antonio Pérez y de Luis Cobo, Manglis, líder de Guadalquivir. 

 Y eso es todo. No sabemos qué fue antes, si la presión de la discográfica o la indolencia de la banda, pero lamentablemente este disco es uno de los mejores ejemplos de lo bajo que pueden llegar a caer grupos que un día fueron grandes.
Lafonoteca

 

viernes, 12 de abril de 2019

Triana 1980 - Un Encuentro






Formato: FLAC
Tamaño Rar: 223,55 MB

INFO:
A finales de 1979, tras la publicación de “Sombra y Luz” (Gong-Movieplay, 1979) y el multitudinario concierto en el Parque de Atracciones de Madrid, Triana estaba en la cresta de la ola. “Sombra y Luz” se vendía como rosquillas, y el nombre del grupo empezaba a ser conocido por el gran público.

Queriendo tal vez sacar el máximo provecho a los vientos favorables, la banda abandona su habitual modus operandi, esto es, un nuevo disco cada dos años, y publica en 1980 “Un Encuentro” (Gong-Movieplay, 1980), la primera gran decepción en la discografía de los sevillanos.

Se trata de un trabajo donde casi no queda rastro del vibrante rock progresivo de antaño y que transmite la sensación de haber sido improvisado, en el peor sentido de la palabra.

Poco podemos salvar de este disco: “Tu frialdad” (en la actualidad una de las canciones más populares del grupo), desesperada balada amorosa con un emocionante Jesús de la Rosa, “Cae fina la lluvia” y “Un nido en mi ventana”, contemplativas rapsodias, o “Aroma fresco”, única aparición de los mejores Triana.

Por su parte, en la lánguida y oscurísima “Encuentro fugaz” encontramos sorprendentes (y casi con toda certeza casuales) conexiones con cierto post-punk inglés (Joy Division, New Order).

Canciones como “A través del aire”, “Caudaloso río” o “Un extraño más” (esta última con una letra que cae en el sentimentalismo más barato) no van a ninguna parte, son frustrantes y hasta ridículas por momentos. En "Fin" Tele cae en una auto-parodia involuntaria de sus apabullantes solos de batería de discos anteriores.


Triana - Tu Frialdad




Triana 1979 – Sombra y Luz






Formato: FLAC
Tamaño Rar: 254,65 MB

INFO:
Sombra y Luz,  (Gong-Movieplay, 1979) representa, de algún modo, la culminación lógica del sonido Triana. Si en “El Patio” (Gong-Movieplay, 1975) se insinuaban decenas de matices que todavía podían dar mucho de sí, aquí todas las potencialidades se hacen realidad. Si en “Hijos del Agobio” (Gong-Movieplay, 1977) el grupo se dejaba en el camino más de un guiño a King Crimson, aquí las miras están puestas en la escena de Canterbury, ocasionalmente incluso en el jazz-rock más dadaísta de Frank Zappa.

No está nada mal para un disco que fue todo un éxito de ventas en esta España nuestra. Otra novedad importante respecto a trabajos anteriores es el protagonismo de la guitarra eléctrica de Pepe Roca, cantante de Alameda, grandes del rock andaluz.

La inquietante, desasosegante, “Una historia” abre el disco con un tono melancólico que contrasta enormemente con la furia incontenida de “Hijos del Agobio”. Se percibe en las letras una cierta atmósfera de desencanto que, como siempre con Triana, es perfectamente susceptible de ser interpretada en clave política. “Quiero contarte” es un pildorazo pop en forma de jam (¡!), donde se consiguen trasladar con éxito todas las ilustres referencias del grupo al universo flamenco-andalusí marca de la casa. La caótica y extravagante “Sombra y luz” supone una auténtica rareza en la discografía de la banda.

Pero la joya de la corona de “Sombra y Luz” es, sin duda, la extraordinaria “Hasta volver”, una suite épica de más de diez minutos de duración, perfectamente equilibrados, en los que cabe de todo. Estamos probablemente ante la cumbre formal del arte de Triana, rematada además por el Jesús de la Rosa de las grandes ocasiones.

Por su parte, “Tiempo sin saber” es algo así como un compendio de todo lo expuesto a lo largo del disco, con otra destacada interpretación vocal de Eduardo Rodríguez, mientras que “Vuelta a la sombra y a la luz” es, como su propio nombre indica, la vuelta a varios de los más destacados Leitmotiv que informan estas canciones.

Con “Sombra y Luz” Triana culmina una trilogía sin parangón en la historia de nuestra música. Pierden algo de pasión en el camino, pero este disco hará las delicias de los gourmets más exigentes del rock progresivo.


Triana - Una Historia




Triana 1977 - Hijos Del Agobio






Formato: FLAC
Tamaño Rar: 239,74 MB

INFO:
“Hijos del Agobio” (Gong-Movieplay, 1977) es un disco que toma partido. Era difícil no hacerlo en la España de 1977. Si en “El Patio” (Gong-Movieplay, 1975) las letras presentaban metáforas veladas sobre la libertad, en todas sus vertientes, aquí las alegorías dejan paso a un lenguaje directo y valiente. Aquí a las cosas se les llama por su nombre. Como muestra, un botón: “Se oye un rumor por las esquinas / que anuncia que va a llegar / el día en que todos los hombres / juntos podrán caminar” o “Queremos elegir, sin que nadie diga más / el rumbo que lleva a la orilla de la libertad”.

La otra gran diferencia respecto a “El Patio” es la cuidada producción, minuciosa en extremo, que explota al máximo las cualidades del sonido del grupo. Además, podemos decir que “Hijos del Agobio” es un disco conceptual. El concepto, si me lo permiten, no sería otro que el cabreo ante la situación en la se vio inmerso nuestro país tras la muerte del dictador. Las canciones de “Hijos del Agobio” rezuman furia, indignación, son combativas, indómitas. Pero vayamos paso a paso. Musicalmente hablando, Triana nunca estuvo tan cerca de King Crimson. La sombra de Robert Fripp planea sobre casi todas las intervenciones de Antonio Pérez. Canciones como “Ya está bien” o“Necesito” podrían ser la versión “trianera” de la célebre “21st century schizoid man”.

Jesús de la Rosa se reafirma aquí como uno de los vocalistas más fascinantes que ha dado nuestra música. No se pierdan su sobrecogedor lamento cósmico en “Sentimiento de amor”, un eco escalofriante que llega desde muy lejos, desde muy alto. Es asombroso cómo resplandece esta música. Muy destacable es también “Recuerdos de Triana”, brillante continuación del solo por bulerías con el que Tele nos dejó boquiabiertos en “Abre la puerta”. Como pasa con otros grandes solos de batería, aquí Tele consigue sonar melódico con el menos melódico de los instrumentos. Sorprende la contundencia africana que adquieren en sus manos las síncopas flamencas. Max Roach lo habría flipado.

La cumbre melódica del disco es, sin duda, “Sr. Troncoso”, un emocionante retrato de un paria anónimo, uno de esos populares “gorrillas” tan típicamente sevillanos que, circunstancias de la vida, terminó haciéndose compadre del grupo, según confesó en una entrevista el propio De la Rosa. Se trata de una bellísima abstracción del latido monótono del fandango, cante cuya característica crudeza es aquí hábilmente reemplazada por un delicado lirismo.

Tampoco debemos olvidarnos de “Del crepúsculo lento nacerá el rocío”, optimista epílogo en el que Eduardo Rodríguez se destapa como un cantante de gran personalidad, y en el que el grupo vuelve a exprimir las posibilidades de unos de sus inventos más destacados: las bulerías-progresivas.
Olvídense de los nombres habituales: “Hijos del Agobio” es la banda sonora más bizarra y descarnada de la etapa más convulsa de nuestra historia reciente.
“Despiertos al tiempo y al amor / un largo camino y con ilusión…”
“Qué importa si es largo el camino / del crepúsculo lento nacerá el rocío”


Triana - Hijos Del Agobio




Triana 1975 - El Patio






Formato: FLAC
Tamaño Rar: 297,94 MB

INFO:
Redoblan la guitarra flamenca y el piano sobre un amenazante paisaje de sintetizadores hasta que cuatro poderosos golpes de batería lo ponen todo en su sitio. Escuchamos entonces un extraño y hermoso preludio instrumental hacia lo desconocido. Vibra el gong. La apasionada voz de Jesús de la Rosa canta, grita, aúlla: “Yo quise subir al cielo para ver / y bajar hasta el infierno para comprender…”. Acabamos de entrar en “El Patio” (Gong-Movieplay, 1975). A partir de ahora todo es posible.

“Abre la puerta, niña, / que el día va a comenzar…”. ¿Quién nos iba a decir que el compás por bulerías podía ser un vehículo idóneo para una explosión de rock progresivo? ¿Quién, en aquellos primeros años de la década de los 70, podía haber profetizado algo así?. El sonido de Triana fluye con tanta coherencia y naturalidad que da la sensación de que el flamenco-rock ha existido siempre. No es sólo la batería de Tele, ese prodigio, con su flamenquísima cadencia y una pegada demoledora, es también el diálogo (toda una revelación) entre la guitarra flamenca de Eduardo Rodríguez y los teclados “pinkfloydianos” de Jesús de la Rosa. Es Jesús de la Rosa, su voz, que es como la de un muecín remoto que nos llama al rezo y a la introspección. Es, colmo de los colmos, la guitarra eléctrica del invitado Antonio Pérez, cuyo vibrante solo pone fin, justo después de una intervención de Tele para la historia, a esa auténtica avenida entre dos mundos que es “Abre la puerta”.

“Sé de un lugar” casi podría pasar por un aria operística. Las bellísimas texturas que crean los teclados de De la Rosa arropan a la perfección unos textos que hablan de paraísos terrenales y amores febriles. “Todo es de color”, idiosincrática versión del tema de Lole y Manuel, hipnotiza como un cálido mantra, y en “Luminosa mañana” descubrimos al De la Rosa más rockero.

Pero es tras la hermosa “Diálogo”, con una letra de reminiscencias lorquianas, cuando llega la apoteosis de “El Patio”. En “En el lago” todas las bondades del sonido del grupo confluyen en torno a la melodía más lograda del disco. El resultado es un himno de esos que en los conciertos se corean mechero en mano. Además, no hay que pasar por alto el potencial alegórico de una letra que, en pleno 1975, habla de probar nuevas experiencias y de bucólicos edenes donde hombres y mujeres conviven en libertad.

Para finalizar, la evocadora “Recuerdos de una noche”, unas bulerías 5x8 que alternan con un ritmo ternario con cierto aire a fandango.

Nada volvería a ser lo mismo en la música española después de “El Patio”. Podemos señalar este disco como el primer hito en el camino que, con el paso del tiempo, nos dejaría obras tan importantes como “Veneno” (CBS, 1977), “Omega” (El Europeo, 1996) o, más recientemente, “La Leyenda del Espacio” (RCA, 2007). Con “El Patio” el rock español se deshace de todos sus complejos y empieza a mirar cara a cara a los grandes.


Triana - Abre la puerta




Triana



Triana fue una banda española de rock andaluz formada en 1974 en Sevilla 
por Jesús de la Rosa Luque, Eduardo Rodríguez Rodway y Juan José Palacios Tele. Con un estilo musical basado principalmente en el rock progresivo y una alta influencia del flamenco, se erigieron como una de las bandas más importantes e influyentes del rock español.

No se confundan: el flamenco-rock fue fruto de las circunstancias y de la necesidad, y no el último invento de un productor ávido de sabores exóticos. Smash y Triana (y Alameda, y Guadalquivir, y Cai…) eran rockeros porque habían escuchado con devoción a Cream o a Pink Floyd, y eran flamencos en la medida en que actuaban con naturalidad: en casa no había una fender, sino una guitarra flamenca. Algún día alguien tendrá que analizar concienzudamente el determinante papel que jugaron en la eclosión del rock andaluz las bases militares americanas de Morón y Rota, convertidas en exclusivas vías de entrada en la Andalucía occidental de lo más granado del rock anglosajón de los 60 y 70.

Jesús de la Rosa y Eduardo Rodríguez salieron escaldados de su experiencia en Tabaca, grupo de armonías vocales a lo Crosby, Stills & Nash, después de que CBS reclamara de ellos un hit digno de competir por el título de canción del verano. Pero De la Rosa tenía un nuevo proyecto. Básicamente, la idea se puede resumir así: creemos un grupo en el que cada cual haga lo que mejor sabe. En un principio, Lole y Manuel entraban en los planes de De la Rosa, aunque finalmente Triana terminaron siendo Eduardo Rodríguez Rodway, Juan José Palacios -Tele- y, cómo no, Jesús. "Chicago son de Chicago y se llaman Chicago. Pues yo soy de Triana...". La frase es de Tele e ilustra hasta qué punto las cosas siguieron un rumbo perfectamente lógico. Los teclados de De la Rosa eran inconfundiblemente progresivos, pero al mismo tiempo su voz era andaluza hasta la médula. Eduardo Rodríguez era un solvente guitarrista flamenco, mientras que Tele desgranaba con las baquetas el compás por bulerías casi sin despeinarse. Eduardo recuerda así los primeros ensayos del grupo: “Nosotros mismos nos sorprendíamos con lo que estábamos haciendo”.

Con la inestimable ayuda de Teddy Bautista, pero pagando de sus bolsillos, Triana graba en los estudios Kirios de Madrid el single “Recuerdos de una noche". Corre el año 1974. El revolucionario sonido del grupo sevillano (algo así como unos King Crimson andalusíes) es totalmente incomprendido en los despachos de las grandes discográficas. Sólo el olfato del productor Gonzalo García Pelayo evita el fracaso: Triana consigue un contrato con Gong, sello en el que verá la luz el primer larga duración del grupo. Se trata del mítico álbum "Triana", conocido popularmente como “El Patio” (Gong-Movieplay, 1975) por la célebre ilustración de la portada, un disco que en su momento pasó casi desapercibido, pero que hoy en día es considerado unánimemente una de las obras cumbres de la música española, y que incluye clásicos imperecederos como “Abre la puerta” o “En el lago”.

A pesar de la incontestable brillantez de “El Patio”, Triana sólo empieza a asomar la cabeza gracias al fenómeno boca a oreja que generan sus primeras actuaciones. La celebridad underground del grupo no es ya nada desdeñable cuando graban, en 1977, el gran “Hijos del Agobio” (Gong-Movieplay, 1977), otro triunfo artístico sin paliativos.

El empujón definitivo que necesitaba la carrera de Triana se produce en 1978, año en el que el recién nacido rock español comienza a encontrar el éxito comercial que hasta entonces se le había negado. De todos los grupos que alcanzan notoriedad en esta época (Asfalto, Bloque, Leño…), sin duda es Triana el que más expectación genera, gracias sobre todo a una gira conjunta con Miguel Ríos y a la, ahora sí, sólida promoción de la compañía discográfica. De este modo, “Sombra y Luz” (Gong-Movieplay, 1979) termina convirtiéndose en todo un éxito de ventas. 1979 es también para Triana el año del multitudinario (más de treinta mil personas) concierto en el Parque de Atracciones de Madrid, confirmación inequívoca de la envergadura que había adquirido el grupo.

Dicho concierto marca el cénit de la carrera de Triana, que a partir de entonces toma un rumbo errático. Las inquietudes artísticas del grupo empiezan a dejar paso a un sonido más comercial y previsible, y así “Un Encuentro” (Gong-Movieplay, 1980), a pesar de contar con puntuales momentos de inspiración (“Tu frialdad”, “Cae fina la lluvia”),se sitúa a años luz de los trabajos anteriores.

Más lejos aún de los mejores momentos del grupo está “Triana” (Gong-Movieplay, 1981), tal vez su peor disco. “Llegó el Día” (Gong-Movieplay, 1983) fue un tímido intento por recuperar a los Triana de los mejores tiempos, pero la última entrega de los sevillanos fue recibida sin pena ni gloria.

Después, la tragedia: el 14 de octubre de 1983 Jesús de la Rosa muere víctima de un accidente de tráfico. Se detiene en seco de este modo la trayectoria del que sin duda fue el grupo más determinante del rock andaluz.

En años sucesivos, Movieplay (hoy Fonomusic) explotó hasta la náusea el legado de Triana, sacando al mercado innumerables recopilatorios y antologías de dudoso interés para el aficionado medio. Poderoso caballero, ya saben.

De anécdota podemos calificar el proyecto que Tele pergeñó junto a un puñado de buenos músicos a finales de los 90. Y es que estaremos de acuerdo en que “Un Jardín Eléctrico” (J.J. Rock, 1997) y “En Libertad” (J.J. Rock, 1998), aún siendo por sí solos unos discos más que interesantes, tienen poco que ver con Triana, por mucho que el nombre aparezca en las carátulas.

En 2002 fallecía Juan José Palacios, Tele, uno de los baterías más brillantes del rock nacional de todos los tiempos.

La historia de Triana es la historia de un grupo clave de nuestra música, cuya obra sigue siendo esencial para todos aquellos que buscan la identidad del rock en español. La lección de Triana se revela valiosísima con el paso del tiempo: ante todo, no olvidemos quiénes somos.

Triana - Popgrama 1979